Violencia contra las mujeres

LA raíz de lo que estoy leyendo estos días sobre que “no existe la violencia machista sino simplemente, existe la violencia”:

Yo no soy feminista. Es más, critico cualquier indicio de sexismo en general. No soporto ver cómo muchas mujeres materialistas se aprovechan de su condición para desplumar a sus parejas en los juzgados, exigir al hombre que sea quien lleva el peso económico de la casa y si no ser tratado como un bobo, o ser el tonto útil de los anuncios publicitarios y la víctima de muchas nuevas políticas.

Dicho esto hay que aclarar que mucha de esta violencia se ejerce contra mujeres por ser mujeres. No sólo está claro en el número de mujeres muertas cada año a manos de sus parejas en comparación con la de los hombres.

Sucede también porque muchos hombres consideran a sus mujeres su posesión, sabiendo que son más débiles físicamente, que aguantarán lo que les echen con tal de mantener una casa unida donde hay niños por medio, las que perdonan casi todo con tal de que las cosas vuelva a ser como antes, las que generosamente quieren olvidar lo malo y justifican que han sido maltratadas porque su pareja está pasando un mal rato o porque en un momento dado llegan a creerse que se lo han merecido: falda muy corta, un día llegar tarde por estar con una amiga, dedicarse un rato a ellas mismas…

Esto ha sido así desde el inicio de los tiempos y ocurre en todas las sociedades, gracias a Dios, de una manera mucho más liviana en España que en casi todos los demás países del mundo.

Pero insisto, sí que existe la violencia de género. En mucha más proporción que la de una mujer contra un hombre. Y es importante detectarla y condenarla porque si no, otras muchas mujeres se lo pensarán dos veces antes de poner una denuncia o de dar un portazo, coger a los niños y abandonar al maltratador. Muchos señores consideran que las mujeres no deberían salir de la cocina, ni ganar dinero, ni tener amigos, ni gustar a nadie y que deberían esperarles con la mesa puesta, rendirles pleitesía y acceder a sus peticiones de todo tipo cuando ellos quieran porque para eso son los hombres de la casa.

Critico el feminismo porque por su culpa mucha gente desdramatiza estos casos reales. Zapatero y sus ministras dispuestas sobre pieles de animales en La Moncloa, con sus patéticas políticas como el caso de la “miembra” y estupideces varias, han hecho que la mayoría repudiemos el feminismo. Pero machismo existe y mucho aún. Violencia machista existe y mucho aún. Y tenemos que ser sensibles y críticos con este fenómeno por el bien de todos.

Aquellos complejos

Desde que Esperanza Aguirre anunciara nada más llegar a la presidencia de la Comunidad de Madrid que no cejaría en su empeño hasta conseguir que los alumnos madrileños, independientemente de su nivel socioeconómico, tuvieran igualdad de oportunidades en el acceso a una educación en inglés, el programa de bilingüismo se ha ido extendiendo por toda la región y hoy, diez años más tarde, llega ya a casi la mitad de todos los colegios públicos, un tercio de los institutos y a un gran número de centros concertados. Se trata del proyecto educativo más importante puesto en marcha en una autonomía española en los últimos años.  Sigue leyendo

Siempre en deuda

velas-362Publicado este lunes 10 de marzo en La Razón.

Han pasado 10 años y sin embargo parece que ocurrió ayer. Una década en la que los españoles no hemos podido olvidar todo el dolor que nos produjo y nos sigue produciendo el peor atentado de nuestra Historia. Necesitaremos varias generaciones para no conmovernos cada vez que se hable de aquella mañana.  Sigue leyendo

Turno de Alcorcón

disturbios alcorcon

Alcorcón es un ejemplo más de lo que nos queda por sufrir el resto de la legislatura en muchos municipios donde gobierna el PP. Constantes ataques al sistema, intentos de desestabilizar la convivencia ciudadana, revueltas perfectamente organizadas en las redes sociales. Está todo estudiado.

Hace dos semanas se desató en esta ciudad una feroz huelga contra la recogida de basuras cuyo único móvil es político. Ni una bajada de sueldo. Ni un despido. El por qué ya lo conocemos todos. La victoria de David Pérez fue un bofetón en toda regla a la prepotencia con la que la izquierda gobernó Alcorcón sobre todo en los últimos años. El despilfarro, las deudas y los centenares de amigos y familiares socialistas colocados a dedo en el Ayuntamiento y en las distintas empresas municipales, son algunos ejemplos.

Con el nuevo equipo popular, elegido por mayoría absoluta, la fiesta se acabó, incluidas las subvenciones a todos los partidos y sindicatos.

Este es el motivo de este conflicto de basuras donde la resentida oposición, incluido UPyD, ha votado en contra de los servicios mínimos cuando ya estamos hablando de un problema para la salud.

Este clima sirve de acicate para los grupos más violentos, que tienen un impresionante poder de organización y convocatoria a través de las redes sociales. Aprovechan cualquier contencioso en un municipio del PP para intentar provocar el mayor daño posible y amenazar así a los responsables públicos.

Suerte que en Alcorcón su alcalde ha sido siempre una roca defendiendo sus principios frente a la intolerancia y los totalitarios.

Sobre la reforma de la Ley del Aborto

Las personas que decidimos dar el paso y dedicar temporalmente nuestra vida a la política tenemos la obligación de involucrarnos en los debates, aunque a veces esto no sea lo más cómodo. Sobre todo si el tema en cuestión causa preocupación social y está en boca de todos los ciudadanos. Este que vamos a tratar en concreto está radicalizando las diferentes posturas y por eso quiero dejar claro que esta es mi opinión, con la que quiero explicar que este asunto no puede verse como negro o blanco. Ni se es más progre ni se es más carca por pensar de uno u otro modo. Tampoco pretendo protagonizar ningún movimiento reivindicativo dentro mi partido, el PP, donde me encuentro perfectamente representada y donde siempre he hablado con total libertad. Esto que cuento es sencillamente personal.

Hablo a diario con mis compañeros, con mis amigos, con mi entorno de las redes sociales y de mi vida personal. Gente de toda clase, ideología y condición. Y creo que es momento oportuno para, sin estridencias ni radicalismos, reflexionar y aportar con ello a la reforma de la Ley del Aborto. No estoy en contra de ella. Estoy a favor de que si se modifica la actual, se haga caminando hacia adelante. Nos afecta a todos por igual.

Creo que se trata de una buena oportunidad porque los partidos debemos ser organizaciones flexibles que utilizan los sentidos para leer y escuchar a la gente. Y porque temas tan importantes como el que nos ocupa no pueden modificarse cada vez que cambia de signo político el gobierno. No es serio. No avanza la sociedad que cada cuatro años modifica temas esenciales como el aborto. Y si esto sucede es porque cada gobierno los cierra en falso imponiéndolos sin consenso, como ya hizo Zapatero en su momento. Hay que evitar que se repita el procedimiento.

¿No es, me pregunto, un sinsentido el hecho de que según quién gobierne uno pueda o no dar determinados pasos que atañen a su más estricta intimidad?

Vamos por partes. En un tema como el aborto nunca vamos a estar de acuerdo. Aunque no todos opinamos igual acerca de este problema, los políticos estamos obligados a llegar a un acuerdo lo más amplio posible y a promover que los ciudadanos también lo estén.

Creo que el aborto voluntario es siempre un fracaso. Es fruto de la inconsciencia, un error que ninguna mujer que lo ha experimentado olvidará en su vida y quiero pensar que nunca desearía haber cometido. Pero ahí está, y no seré yo la que obligue a ninguna mujer a vivir como no quiere para el resto de su vida. No tengo ninguna autoridad ni derecho para exigir a una mujer que no quiere ser madre, por la razón que sea, que siga hacia adelante. Del mismo modo que no aplaudiría a quien aborta y mucho menos, a quien repite. Me parece de una grave inconsciencia y sucede no pocas veces. Qué drama.

Pero no seré yo la que proclame lo que es mejor ni más correcto para la vida de nadie.

Estoy de acuerdo con que la mujer que lleva en su vientre una vida nueva, está decidiendo por dos y no sólo por ella. Pero no existe la ley que me permita a mí obligar a esta persona a vivir como no quiere. A ser una infeliz, a vivir de manera desgraciada y desestructurada. Es un sinsentido, lo sé. Pero no se trata de tapar la realidad y esta, el aborto, lo es, existe, y la mujer que pasa por ello no puede ser nunca apartada y menos, por su administración. Hay que hacer todo lo posible para que nunca se vuelva a repetir. Y desde luego ser muy estrictos y dejar claro que el Estado no equipara el aborto a una operación de apendicitis. Es muy grave y debe ser tan excepcional que debe tener entre sus fines intentar reducir el marcador a cero.

No hay nada tan progresista como la vida. Pero señalar con el dedo y arrinconar socialmente a una mujer por cometer un error tan personal y ya dañino de por sí para ella misma, me resulta medieval. No todas las mujeres tienen la suerte de tener un entorno familiar como por ejemplo, el mío, donde además de contar con unos recursos mínimos aprendimos que un niño siempre es bienvenido y nunca es un problema por muchas dificultades que contraiga.

Por otro lado creo que quien está en contra del aborto no debería entender de supuestos. Porque si el argumento es que no se puede distinguir de embriones de primera y de segunda por tener o no malformaciones, tampoco deberían ser categorizados negativamente por ser fruto de una violación. Son vidas igual de inocentes. ¿O no merecen vivir entonces? ¿Quién prima en este supuesto, la madre o el hijo? Y hablar de daños psicológicos para justificar el aborto me temo que es la misma puerta abierta que hoy se critica de la ley actual y que viene de 1985. Que no debió tocarse.

Mucha gente me está diciendo en estos días que esta reforma es un compromiso electoral del PP. Y me parece bien que mejore la anterior ley impuesta por Zapatero, que entre otras cosas permitía que las menores de edad abortaran sin consentimiento ni conocimiento de los padres, o que la píldora del día después se expidiera como si se tratara de una aspirina, lo que es ambos casos una barbaridad.

Pero todos sabemos que los ciudadanos nos votan por un programa en conjunto, no por una propuesta concreta del mismo modo por el que aunque uno está de acuerdo casi siempre con las directrices de su partido, en ocasiones no es así y debe ceder a la voluntad mayoritaria. Soy defensora de las mayorías.

Por eso, muchos votantes del PP que están en contra del aborto entienden que el problema está ahí, desde siempre, lo encaremos o no. Y que una mínima ley de plazos razonables, mejorando la legislación actual, no es el peor camino. Sobre todo es realista. Los abortos existen y existirán, y mirar para otro lado mientras sabemos que se practican voluntariamente cada día, es cinismo. Y exagerar el debate con fotos de fetos o de madres en avanzado estado de gestación, lo es más aún.

Hay muchas cosas más urgentes y necesarias que se deben poner en marcha en el contexto de esta reforma. Como por ejemplo, reivindicar el papel de la paternidad hoy, ya que los hombres son directamente ninguneados por el feminismo radical, apartándoles de toda obligación y sobre todo, de cualquier derecho incluido el de opinión.

También creo que hay que apostar por campañas de educación sexual efectivas, sin estridencias, aunque a alguno le produzca un rubor insoportable ver anuncios de preservativos en televisión. Se siente pero es que se usan y cuanto más mejor, ¿saben? Creo que la Iglesia católica hoy, cuyo papel sigue siendo muy importante para nuestra sociedad, en este sentido corre el riesgo de quedarse atrás y alejarse de los más jóvenes.

Hay que seguir protegiendo, amparando y ayudando con todos los medios a las mujeres embarazadas sobre todo en riesgo de exclusión. Con especial protección a los menores. Y orientar a las mujeres que no tienen claro el camino a seguir, previniéndolas de un paso como es el aborto, que no tiene vuelta atrás y del que pueden arrepentirse y frustrar así sus vidas para siempre.

Hay que seguir reivindicando la vida, porque es lo más importante. Pero la vida allí donde es concebida con consciencia, con inteligencia, fruto del entendimiento y del consentimiento. Al menos en un país desarrollado como el nuestro, en Occidente, siglo XXI.

Hay que recordar que el aborto no es un método anticonceptivo ni hay que relativizarlo como muchos hacen. Es un drama, un craso error al que nunca hay que llegar y que tiene unas graves consecuencias, sobre todo físicas y piscológicas, que la mujer involucrada arrastra para el resto de su vida. Por no hablar de los derechos que nunca serán concedidos al nascitorus.

Hay que perseguir y acabar con los abortos clandestinos que de manera indiscriminada y muchas veces insalubre, terminan con la vida de fetos que podrían ser perfectamente viables fuera del vientre de su madre. Y hay que respetar al máximo la decisión del médico que se niega a practicar cualquier tipo de aborto.

Sin enmarañar el debate con mentiras, para terminar con el falso mito que algunos interesados pretenden extender sobre que la mujer que aborte irá a la cárcel si gobierna el PP. Porque nunca ha sucedido ni sucederá en España, lo que al menos parece que nos pone a todos de acuerdo.

Este debate debe producirse en este momento, con lealtad, con valentía, con respeto y con mucha calma. Ahora podemos intentar consensuar una ley que, aunque no contente a todos, sea realista y sincera. Cada uno tiene un concepto de la vida distinto y por eso sé que hablo de una utopía. Pero no por eso deja de tener valor para mí.

Lo importante

Los comercios madrileños están notando una leve mejoría en sus ventas en esta campaña de Navidad. Aunque a la foto de la siempre abarrotada Carretas todavía le falta que los miles de transeúntes vayan cargados con bolsas de regalos, la sensación de decadencia está siendo tímidamente sustituía por la curiosidad y el atrevimiento de aquellos que comienzan a plantarle cara a tanta austeridad.

Todo indica que de aquí en adelante las cosas van a ir mejor aunque no al ritmo que quisiéramos. La Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid están contribuyendo a dinamizar el comercio a través de toda suerte de medidas que sitúan a Madrid entre los destinos de compras preferidos a nivel mundial. Libertad de horarios, adelanto de la temporada de rebajas, o las licencias exprés son algunas de estas apuestas.

Estamos a punto de comenzar la Navidad y la mayoría de nosotros aún no nos encontramos como tiempo atrás. La crisis, el paro y el desánimo se han colado en nuestras casas y todavía no nos dejan afrontar estas fechas con las energías que quisiéramos. Ahora bien. Cuando iba a empezar a escribir este artículo me han comunicado que mis amigos Rubén y Jorge, este último además compañero de columna, han perdido a su padre. Y por eso les dedico estas líneas, porque su ejemplo me recuerda que en estas fechas, ni los regalos ni las cenas exquisitas pueden decidir nuestro ánimo. Queda mucho por mejorar y la situación es aún complicada. Pero en estos días tenemos la obligación de intentar olvidarlo todo. Vayan al encuentro del amigo o familiar más cercano y sientan su compañía. Aprovechen una deliciosa conversación con cualquier niño de la familia, quien gustosamente les devolverá el erosionado espíritu navideño. En definitiva, disfruten de los suyos. Porque es lo realmente importante.

Esto es política

Desde que la Comunidad de Madrid pusiera en marcha su programa de recualificación para receptores de la prestación por desempleo, de manera que mientras estos colaboran temporalmente con su ayuntamiento perciben un complemento extra, la larga lista de espera de demandantes y la de consistorios que se suman para alejar con todas sus fuerzas el fantasma de la crisis y el desempleo, no ha parado de crecer.

Los gobiernos serios están aplicando toda suerte de medidas con tal de desbrozar sus listas de paro. Y estudian aquellas fórmulas que además de promover la búsqueda de empleo, acaben con la anecdótica pero real circunstancia por la que a algunos les es más cómodo y rentable recibir su subsidio que ir a trabajar. Inglaterra o la vecina Francia por ejemplo, también están aplicando medidas ante estas situaciones.

Mientras unos pelean por ofrecer soluciones reales, célebres figuras de la cultura del subsidio español como Llamazares, Madina o Soraya Rodríguez no han tardado en intentar deslucir esta medida con sandios adjetivos como «esclavizadora» u «opresora», porque la pone en marcha un gobierno autonómico del PP aunque date del socialismo de 1982. Los enemigos del empleo y el progreso son especialistas en desoír a sus alcaldes, que son quienes encaran realmente esta aciaga crisis, y les intentan disuadir de proyectos y reformas necesarias para la mejora de la calidad de vida de sus municipios, tales como Eurovegas, los convenios con el Canal de Isabel II o el batalleado desdoblamiento de la 501 en su día.

Sin embargo tienen habilidosa capacidad para esfumarse cuando de pedir responsabilidades se trata. Se mantienen impasibles ante el mayor escándalo de corrupción de nuestra democracia, una puñalada en el corazón de los parados, un fondo lleno de reptiles políticos y sindicalistas que han permitido que una de las regiones con más solera, cultura, kilómetros de playa y gastronomía, no consiga despegar como debiera. Mientras, sus alcaldes en Madrid cuelgan cada vez más el uniforme de partido y se suman a aquellos proyectos que generan empleo y riqueza para sus vecinos. Y esto sí es política.

Publicado en La Razón el lunes 16 de septiembre.