Madrid se mueve

El gobierno de la Comunidad de Madrid decidió hace muchos años no permitir que los acontecimientos marcasen el rumbo de su economía y por eso, gracias a su fiel apuesta por la libertad, se ha consolidado como motor estratégico del país.

El mensaje ha llegado claro a inversores nacionales y de todo el mundo: son bienvenidos, y la administración no va a ser el impedimento para que puedan poner en marcha todos aquellos proyectos que generen puestos de trabajo y nos ayuden a crecer como región.

Ahora que las cosas están tan difíciles, en medio de tantas noticias negativas, Madrid sigue despuntado porque genera confianza. Con la menor presión fiscal del país, los mercados internacionales no han dudado en financiar nuestra deuda para este año.

A pesar de los numerosos intentos de boicot por parte de la oposición madrileña, la comunidad acapara más de la mitad de la inversión extranjera y de empresas que se crean en el país. Madrid se mueve. Y con ella, se multiplican aspiraciones, creatividad e innovación. El camino es lento pero seguro. Y se bifurca en numerosas direcciones positivas: Eurovegas, Proyecto Canalejas, Madrid 2020, Ivima, turismo de negocios…

El gobierno de Ignacio González está cumpliendo a rajatabla el programa electoral con el que el PP se presentó a las elecciones de 2011, basado en dos premisas fundamentales: reivindicar la unidad de España y fomentar que quien viva o invierta en Madrid, vuele tan lejos como su esfuerzo y sus capacidades se lo permitan. A Madrid, región de emprendedores, nadie viene a perder el tiempo.

Males del partidismo

El partidismo es uno de los principales motivos por los que los ciudadanos dejan de creer en la política. Ahora que la corrupción está socialmente más arrinconada que nunca, gracias a movimientos como el manifiesto “Contra la corrupción, en defensa de la política”, tenemos que seguir ahondando en todo aquello que mejore la vida política y construya un nuevo espacio donde caminen juntos sociedad civil y responsables públicos.

Hay dos males endémicos de los partidos que a la gente le indigna especialmente. Una, la actitud y la falta de vocación por parte de aquellos que sólo buscan ser reconocidos por sus jefes y otra, que un proyecto importante no salga adelante porque un partido lo frena ya que no le conviene electoralmente. Impensable en otros países, en España parece deporte nacional.

El ejemplo del pacto Rajoy- Rubalcaba debe extenderse cuanto antes a lo local. El bloqueo de Legatec, el acoso sistemático a hospitales, Eurovegas o Madrid 2020, la paralización de los presupuestos getafenses que no permite alivio fiscal para sus vecinos o la cerrazón de la oposición de Coslada a 200.000 euros la última broma con la tasa de residuos, son algunos de los múltiples ejemplos de cómo los intereses políticos llegan a anteponerse al bien común. Cuando se trata de economía y de empleo no se puede mirar por el partido. Es imperdonable.

Olimpismo y comunismo

La memoria histórica de muchos políticos de izquierdas no descansa desde que Zapatero decidió que su España discutible y discutida tenía que volver a pelearse desde las entrañas.

Hoy hay generaciones de parlamentarios que reniegan de las instituciones de las que cobran, y retuercen el debate para arrinconar ideológicamente al que no piensa colaborar con la reinvención de un pasado guerracivilista. De paso justifican el dineral que se pierde en asociaciones y fundaciones que apenas han destinado sus fondos a dar justo sepelio y homenaje a las víctimas durante este tiempo.

Tras haber desmemoriado a los estudiantes mediante la Logse, al llegar a la Universidad pretenden darles la bienvenida con un monumento ilegal erigido en el Campus de la Complutense que les recuerda que para hechos heroicos, los de izquierdas.

La última sandez está protagonizada por algunos políticos de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid, que sostienen que los símbolos franquistas atentan contra el olimpismo. Los comunistas tienen un sentido olímpico tan desarrollado que no dudaron en apoyar el boicot al Metro durante la visita del COI, quizá para ver si sus miembros hacían un poco de deporte e iban andando esos días. Y no desaprovechan un Pleno para atacar a Madrid 2020. Preferirían a La Habana 2020 o Pionyang 2020 como candidatas, reconocidas mundialmente por pasar olímpicamente de los derechos y libertades más fundamentales.

Reniegan de su pasado solidario cuando les toca hacer sacrificios con sus sueldos y escaños pero tachan de “neofranquista” al PP porque se niega a gobernar sobre sentimientos que ni los políticos de la Transición ni el mismo Felipe González en su momento, removieron . El cuento de siempre.

Gobierno sin oposición

La debilidad que paulatinamente va anulando al líder de los socialistas madrileños y a su dividido grupo no conviene a nadie.

Madrid y el gobierno de Ignacio González necesitan una oposición consolidada, alejada de sectarismos, con ganas de debatir, solvente, responsable. De manera que, en lugar de ofrecer cada jueves un deprimente espectáculo desde el parlamento regional, las noticias fueran que los políticos madrileños defienden unidos los intereses de los ciudadanos.

Así, por ejemplo, haríamos un frente común a la hora de reclamar los 1.000 millones de euros que se nos debe a los madrileños y cuya ausencia afecta tan negativamente a nuestros presupuestos. Sin embargo, ningún grupo de la oposición arrima el hombro ni para esto ni para pelear por proyectos que generan empleo como Eurovegas, Madrid 2020 o el Complejo Canalejas. Un razonamiento simplón y anticuado les hace pensar que si al PP le va mal, a ellos les irá bien.

El gobierno de González no tiene alternativa. Hubo un tiempo en que casi se lo llegó a creer un autoproclamado Invictus, que se troncha cada vez que le mencionan Parla, cuando lamentablemente es la única actividad que se le conoce junto a la de socorrista de piscina -y enchufado-, antes de liderar el PSM. Hoy recolecta enemigos en todos los medios, en el Senado, en la Asamblea de Madrid y entre dirigentes de su propio partido. Aparte de eso recibe denuncias por prevaricación, malversación y tráfico de influencias, informes escandalosos del Tribunal de Cuentas, presupuestos anulados, sobresueldos, despidos ilegales y deudas millonarias contraídas durante su gestión como alcalde. Quisiera contar otra cosa. Pero esto es lo que tenemos enfrente.

Fumar en Eurovegas

La polémica que está generando el tabaco en Eurovegas es un tanto demagoga. Tiene mucha culpa el abuso por parte de los fumadores que imponían su libertad a la de los demás y te ahumaban desagradablemente mientras comías en un restaurante o tomabas una caña. En España se permitía fumar en todas partes: bancos, tiendas, transportes, en el trabajo… Y bueno para la salud, no era.

La paciencia de no fumadores y muchos fumadores se terminó, y solo pensar en que el tabaco vuelva al espacio público pone malo a más de uno. Pero debemos serenarnos. Por primera vez en mucho tiempo, la iniciativa privada a nivel mundial propone generar miles de puestos de trabajo y dinamizar la economía en nuestro país. Y aunque se intente desprestigiar este proyecto a toda costa, por otros intereses por cierto, donde hoy hay un secarral mañana habrá turismo, negocios y ocio. Muchos madrileños venderán sus pisos con el reclamo de “a diez minutos de Eurovegas”, como ahora ocurre con “apartamento con vistas a Madrid Río” o “frente al Hospital de Valdemoro”, impensable hace pocos años. Si cada actividad contaminante que tenemos en nuestro entorno se prohibiera, volveríamos al Medievo.

Singapur y Estados Unidos son dos de los países más restrictivos con el tabaco. Pero han entendido que ningún adulto va por obligación a un casino y que no es precisamente una biblioteca, una parroquia o una guardería.

El 85% de cada paquete que paga un fumador se va en impuestos. Impuestos especiales que significaron el 40% de los recaudados en España en 2010. Una actividad que en nuestro país produce un valor añadido de 2.700 millones de euros.

Las Administraciones deben ser responsables y fomentar hábitos saludables. Quizá lo serían aún más ilegalizando el tabaco. Pero si la razón para no hacerlo es económica gracias a los impuestos que genera, más económico y productivo sería no criminalizar su consumo cuando va inherente a proyectos que generan puestos de trabajo. O al menos, no destruirlos, como hizo Zapatero imponiendo su ley en dos tandas.