Paellada socialista

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Artículo publicado en La Razón este martes 30 de abril

Las ocurrencias de Tomás Gómez, que deben apabullar a los suyos, son últimamente de lo más peregrinas. Las fiestas de pijama en la Asamblea de Madrid –de las que luego se escaquea y deja a sus diputados de vigilia en una silla–, sacar en un mitin de campaña a un paisano disfrazado de Pulpo Gómez, la campaña del botijo de hace unos meses con Amparo Valcarce como musa o la reciente propuesta de su grupo parlamentario para aupar al garbanzo madrileño son algunos ejemplos. Para este 2 de mayo, Día de la Comunidad de Madrid, Gómez está urdiendo una sofisticada estrategia con la que hacer oposición a los actos que organiza el Gobierno regional: una paellada aprovechando que también es el tradicional «Día de la Rosa».

No sabemos qué hará el líder socialista en esta ocasión, si acudirá antes a la Real Casa de Correos y si será capaz de aguantar allí sonriendo media hora. Porque Gómez huye de los flashes de las fotos que retratan escenas de consenso como los vampiros de la luz. No le verán en una instantánea con miembros de otros partidos ni tampoco en la mayoría de los actos que organicen las víctimas del terrorismo, ni donde se entreguen medallas al mérito ciudadano o se celebre la Constitución, sobre todo si se hacen en la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

A su festejo culinario le pongo un pero: los afiliados lo pagan de su bolsillo con la última subida de cuotas en plena crisis. Algo cruel teniendo en cuenta que éstos se destinan a sufragar el cortijo de Callao. Está dejando las arcas del PSM más secas que la mojama.

Madrileños (orgullosos) por el mundo

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Artículo en Madrid Actual. Publicado este lunes 29 de abril.

Buena le ha caído a Esperanza Aguirre este fin de semana por atreverse a hacer declaraciones cuando los dictadores de la opinión pública no le habían dado permiso.

Imagino que ya se habrán dado cuenta de que, a medida que avanza la crisis, algunos medios de comunicación y las redes sociales van sacando de contexto y elevando a los cielos cualquier declaración sin contrastar si se está manipulando maliciosamente lo que el autor quería decir. Y lo que es peor, se quedan con una simple idea que no se molestan en analizar a fondo y la propagan hasta generar alarma de algo que encima, podría ser de lo más sensato.

Este ha sido nuevamente el turno de la presidenta del PP de Madrid. El sábado participó en un encuentro europeo de la Universidad de Oxford para ofrecer la conferencia “España y Europa: viejos mitos y nuevas realidades”.

Aguirre destacó el orgullo que conlleva que una de las universidades más prestigiosas del mundo haya elegido Madrid para realizar un foro tan importante. De paso, quiso romper con los tópicos que tanto daño hacen a la imagen de los españoles en el exterior sobre todo, en época de crisis. Por eso, no dudó en mencionar la calidad de nuestros transportes e infraestructuras y nuestro potencial en el mundo de los negocios y el turismo. También nuestro maravilloso clima, nuestras costas y montañas, nuestra gastronomía y el alto nivel de nuestros deportistas.

Pero llegó el momento de hablar de aquello que políticamente es más fácil sacar del tiesto para utilizarlo como arma arrojadiza. Aguirre destacó el potencial que tienen los españoles, que ahora más que nunca, luchan contra la crisis con todas sus fuerzas. Y en este sentido, recordó que durante este periodo democrático nuestra sociedad ha abierto su mentalidad y multiplicado sus oportunidades. Por eso dijo que es motivo de orgullo que nuestra gente joven esté preparada para trabajar en cualquier parte del mundo. Y esto, para los manipuladores de opinión, es ofensivo.

¿Es ofensivo trabajar fuera de tu país? Interesante. Para Carmen Chacón, Elena Valenciano y demás huestes progresistas parece que sí, a tenor de la manipulación tan burda que han hecho de las declaraciones de Esperanza Aguirre y que tanto chisme barato han provocado en la Red en los últimos dos días.

Mientras muchos jóvenes se han mostrado sorprendidos y teatralmente dolidos por las declaraciones no dichas de Aguirre, otros llevan largo tiempo trabajando fuera no sólo por necesidad. Sorprendería conocer la cantidad de gente joven que saca sus maletas de España para convivir con otras culturas buscando romper con tópicos y rutinas, como hacen por cierto, la mayoría de los jóvenes de sociedades avanzadas de Europa, Asia y Estados Unidos. Sin embargo, otros muchos, por desgracia, se están viendo avocados a dar el paso cuando no quieren.

Los españoles ya no somos los inmigrantes que antaño íbamos a Alemania sólo a fregar baños y a dejarnos la piel en sus fábricas, siempre con la pena de ser menos. Con una humildad y una entrega que nos provocaba vivir en el extranjero con la cabeza agachada y el alma ahogada en complejos.

Los jóvenes de ahora, que son a los que se refería Aguirre, son nuevas generaciones que aportan mucho al mercado global. Son españoles ingenieros, arquitectos, abogados, médicos… Gente preparada que es capaz de triunfar en las mejores compañías del mundo, inventar la vacuna más importante o revolucionar el mercado con el software más sofisticado.

A esos jóvenes, que con su valía y dedicación contribuirán decididamente a que nuestro país avance en estos años tan difíciles, es a los que hacía mención la madrileña. Por tanto, comprenderán la perplejidad y preocupación que provoca el nivel intelectual de algunos líderes políticos y de opinión, incapaces de entender la raíz del tema aquí planteado. Es posible que al tratarse de una conferencia pronunciada en inglés, una ex ministra o la número dos del principal partido de la oposición, no lleguen a entenderla.

No obstante, al igual que Esperanza Aguirre, confío en la sociedad española y en su atractivo para quienes nos ven desde fuera. Por eso comparto que nuestra esencia ha sido la chispa para muchos viajeros y escritores románticos. Estos esfuerzos para haber llegado tan lejos no pueden caer en saco roto por mucho tiempo. Y aunque hoy somos un país paralizado al que todo le hace daño, más pronto que tarde sumaremos estas anécdotas a las de los años 70 y las compararemos con perspectiva y sobre todo, mucho orgullo.